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miércoles, 13 de junio de 2007





LA BIBLIOTECA DEL MUSEO MARTORELL Y LOS ORÍGENES DEL COLECCIONISMO ZOOLÓGICO EN BARCELONA

J. JOAQUIN VARELA RESTREPO – BIOLOGO, UNIVERSIDAD DEL CAUCA, COLOMBIA
ALUMNO DOCTORADO EN HISTORIA DE LAS CIENCIAS
UNIVERSITAT AUTÒNOMA DE BARCELONA

Los “gabinetes de curiosidades” o “cámaras de maravillas” son el origen de muchos de los museos de historia natural actuales. Estos espacios de ciencia mostraban la magnificencia de la naturaleza y los prodigios de la humanidad para asombrar a sus visitantes exponiéndoles colecciones de objetos -tanto naturales como artificiales- de manera ordenada y estableciendo clasificaciones que obedecían las modas y tendencias del momento o los intereses particulares del coleccionista.

Los Gabinetes surgieron en el renacimiento en Italia, donde cobraron fama los de Ulises Aldrovandi [1522-1605] en Bolonia y el de Ferrante Imperato [1550-1631] en Nápoles. Posteriormente, el afán por coleccionar, exhibir y ordenar la naturaleza se extendió por Europa llegando a lugares como Holanda (Gabinete Worm) e incluso a Barcelona (Familia Salvador). J. B. Lamarck hace una diferenciación entre dos tipos de gabinetes, pues para él los gabinetes de curiosidades eran lugares para la diversión mientras que los gabinetes de historia natural estaban destinados al progreso de la ciencia (Findlen, 1994). Esta actividad científica en progreso a la que hacía referencia Lamarck, revierte en el trabajo de los naturalistas del siglo XVIII dedicados muchos de ellos a la creación de nuevos sistemas de clasificación para los seres vivos e inertes.[1] Fue en éste momento cuando los gabinetes de curiosidades comenzaron su período de declive. El por qué de estos procesos de transición desde los antiguos gabinetes hacia museos, ha sido explicado como una cuestión de contextos dado que las políticas ilustradas y la exploración del globo tienen un papel preponderante, y de públicos, dado que el gabinete deja de ser un lujo de nobles (pedigree people) para ser sitios de enseñanza e investigación (Picksone, 2000).

Hacia finales del siglo XIX, durante un período conocido en la historia catalana como la renaixença,[2] dos gabinetes barceloneses se transformaron en museos de ciencias gracias a iniciativas de coleccionistas particulares y de políticas de educación, investigación y divulgación surgidas desde la Iglesia o el Estado. Estos procesos de transición fueron diferentes en cuanto a circunstancias y ambientes, y desembocaron en objetivos comunes relacionados con la zoología.

Un primer caso de transición es el Museo de Geología del Seminario Conciliar de Barcelona, que tuvo origen en el Gabinete de Historia Natural del Seminario fundado en 1818. El proyecto de transformar el viejo gabinete de ciencias naturales en un museo geognósico y paleontológico destinado a la educación secundaria de los alumnos del seminario fue ideado por el rector del seminario, el obispo Salvador Casañas i Pagès [1834-1908] y desarrollado en 1874 por el sacerdote Jaume Almera Comas [1845-1919].

Almera recibió su título de bachiller en artes en 1967 y en ciencias en 1869 por la Universidad de Barcelona, luego se licenció en la sección de Físicas y en la sección de Naturales en 1871 en la misma Universidad de Barcelona y posteriormente realizó en la Universidad de Madrid los estudios que le hicieron recibir el título de Doctor en la sección de Naturales en 1874. [3] La actividad científica de Almera abarcó la botánica, el dibujo y la física, y su aportación estudio de la geología y paleontología catalana va ligada al trabajo como director del museo, labor que desempeñó desde 1874 hasta su muerte. La Biblioteca del Museo del Seminario en sus primeros años, comprendidos desde 1874 hasta 1919 –Período Almera– contaba con un total de 120 obras. Un 37,5 % de estos libros estaban dedicados a la paleontología, un 15,8 % se dedicaba a la malacología e igual porcentaje para la geología. El 30,9 % restante se centraba en obras referentes a cosmología, historia natural, astronomía, mineralogía y zoología (Aragonés, 2004).

El segundo caso, del que se ocupa con más detalle este trabajo, es el paso de una colección privada, la de Francesc Martorell y Peña [1822-1878], hacia un museo público, el Museo Martorell, abierto al público desde 1882. El Museo Martorell fue fundado y construido por el Ayuntamiento Constitucional de Barcelona siguiendo la última voluntad de F. Martorell y Peña, “Corredor real de cambios, comerciante, viajero, naturalista aficionado y arqueólogo de renombre”, quien al morir dejó por testamento a la ciudad su colección de objetos, su biblioteca personal y una considerable suma de dinero, para que se construyera un museo y se premiara bianualmente los mejores trabajos en Arqueología (Gómez Alba, 1990).

La colección Martorell es ecléctica en su contenido, y puede ser considerada como uno de los últimos gabinetes de curiosidades vigentes hacia el final del siglo XIX, ya que no sólo se encontraba conformada por piezas relativas a la Historia Natural sino que agrupaba también la historia de Cataluña y el mundo a partir de piezas de tipo etnográfico, arqueológico, numismático y obras de arte. [4]

El museo tiene en la actualidad una superficie aproximada de 900 m² y está conformado por dos naves laterales y un cuerpo central de tres plantas, destinado al pórtico, oficinas y biblioteca. Presenta en su fachada cuatro columnas dóricas sosteniendo la cornisa y el ático con el escudo de la ciudad rodeado de motivos florales en altorrelieve de yeso. Destaca en él la entrada de estilo “neo-Pompeià entre dues escultures” según consta en la ficha del inventario de protección del Patrimonio Cultural Europeo IPCE realizada por Josep Sánchez Ferré en junio de 1979.[5] El edificio fue construido bajo los preceptos del estilo neoclásico por el arquitecto catalán Antoni Rovira i Trias [1816-1889], arquitecto municipal de Barcelona desde 1867. Fue ayudado por Josep Fonteserè i Mestres [1829-1897], quien se encargó de la remodelación del Parc de la Ciutadella en 1871. Las dos esculturas realizadas por Eduard B. Alentorn [1855-1920] entre 1882 y 1887 para la fachada del museo representan a Jaume Salvador i Pedrol [1649-1740], el más representativo de los miembros de una familia barcelonesa dedicada a la botánica y el naturalismo; y a Félix de Azara [1742-1821], un militar y naturalista aragonés que viajó por América del sur encargado de delimitar las posesiones españolas en el continente.

El edificio del museo cumple con buena parte de los requerimientos estéticos y técnicos del momento, según los dictámenes del arquitecto Louis Sullivan [1856-1924], de la escuela de Chicago[6] −La forma obedece a la función−, interpretados por el ictiólogo y museólogo George Brown Goode [1851-1896] en 1895 en su ensayo para la Asociación de Museos de Newcastle. En dicho ensayo se plantea cómo debería ser un museo de ciencias: “Simple, digno y apropiado. Moderado en el ejercicio de su embellecimiento interno, dejándolo simple y relajante” (...) “Los accesorios necesarios para cualquier Museo incluyen una biblioteca de referencia, laboratorio, cuarto de almacenaje, una sala de reuniones y talleres” (Sheets-Pyenson, 1987). El Museo Martorell coincide con muchas de las características propias de los templos clásicos destinados a la dignidad y permanencia, como son el efecto de grandiosidad que transmiten las columnas dóricas del pórtico, y el estar situado dentro de un parque, en este caso el Parc de la Ciutadella. Es así como surge la primera Cathedral of Science[7] de Barcelona.

Los museos son espacios comprometidos social y educativamente con la ciencia y uno de sus objetivos es explicarle al gran público cómo se relacionan la ciencia, la sociedad y la educación. Los visitantes de los museos decimonónicos entenderían, a partir de las impresiones que les transmitía el edificio, tanto por sus características arquitectónicas como por la manera en que se encontraban dispuestas las colecciones, el quehacer de la ciencia del momento y lugar que ocupaban las diferentes disciplinas científicas en la vida cotidiana (Bennett, 2005). En el Museo Martorell las connotaciones catalanistas[8] están presentes tanto en el edificio como en las colecciones, y desde su fase inicial uno de sus objetivos fue el coleccionar y clasificar el material geológico, paleontológico, zoológico y botánico de Cataluña, generando de esta manera una estrecha relación de pertenencia con la materia de estudio.

La biblioteca del Museo Martorell se origina con el legado testamentario de la biblioteca particular de Francesc Martorell y Peña, que estaba compuesta por 342 títulos y fue organizada según las materias de las que tratan dichos libros. En el inventario con la descripción de todos los libros y demás publicaciones del donativo de Francisco Martorell y Peña (Según acta notarial del 30 de noviembre de 1883 ante Jaime Burguerol, Notario público del Colegio del Territorio de la Audiencia de Barcelona)[9]. Dichas materias se listan a continuación: Arqueología (84 obras), Agricultura (2 obras), Astronomía (2 obras), Arquitectura (7 obras), Bellas Artes (8 obras), Comercio (4 obras), Geografía (4 obras), Geología (11 obras), Historia (36 obras), Historia Natural (71 obras), Legislación (8 obras), Literatura (47 obras), Medicina (9 obras), Numismática (29 obras), Paleontología (4 obras), Religión (3 obras) y Viajes (13 obras).
Grafico 1. Libros de Historia Natural en la Biblioteca Martorell divididos según las materias propias de la zoología.

El gráfico 1 muestra la importancia de la malacología en la biblioteca de Francesc Martorell, representada por 52 ejemplares (un 15,2 % del total de la colección), seguida de lejos por la Zoología general, en donde se agruparon libros de Historia Natural. La presencia de este número de obras de malacología se relaciona con la ordenada colección compuesta por más de 6.000 ejemplares de conchas de moluscos provenientes de diferentes lugares de Europa que también fue donada al museo.

Podemos encontrar títulos y autores muy representativos de la ciencia decimonónica en la biblioteca de la colección Martorell, en donde sobresalen el Manuel de geologie elementaire, ou changements ancienes de la terre et de ses habitants tels qu’ils sont representes par les monuments geologiques de Lyell [1797-1875] editado en París en 1856, y la Histoire naturelle des animaux sans vertebres, de Lamarck [1744-1829], editado en París en 1835. Estas dos obras influenciaron a Charles Darwin [1809-1882] para el posterior desarrollo de sus postulados acerca de la evolución de las especies a través de procesos de selección natural. También aparecen autores como Alcide d’Orbigny [1802-1857], médico y malacólogo francés que viajó América enviado por el Museo de Historia Natural de París; Jules Rene Bourguignat [1829-1892], fundador de una nueva escuela malacológica francesa basada en los postulados neo-Lamarckianos[10]; el médico y malacólogo Joaquín González Hidalgo [1839-1923] que fue conservador de la colección malacológica del Museo de Ciencias Naturales de Madrid y perteneció a múltiples sociedades científicas en el extranjero.

Otras obras que destacan en esta biblioteca son las de divulgación científica para grandes públicos, y encontramos La pluralité des mondes habites, escrito por el astrónomo y espiritista Camille Flamarion [1842-1925] y editado en París en 1873, y La terre avant le deluge escrito por el médico y fisiólogo Louis Figuier [1819-1894] editado en Paris en 1864. Las obras de este tipo, generalmente dirigidas a la juventud, gozaron de gran aceptación entre el público de su época, ya que al igual que ocurrió con los gabinetes en el siglo XVII, su objetivo era entretener y sorprender, todo a partir de una estructura narrativa de tipo científico-literario, que a la vez que se valía de las ideas científicas de la actualidad, también hacía uso de los mitos originados en el imaginario colectivo, altamente influenciado por la tradición de los bestiarios, las fantasías bíblicas las crónicas de viajes y exploración y la tradición popular.

La mayoría de libros de la Biblioteca Martorell fueron editados en la segunda mitad del siglo XIX y en diversos lugares del mundo, de lo cual se puede inferir que era una biblioteca con carácter actual y cosmopolita en la que primaban las obras recientes. Al analizar los idiomas que la componían encontramos que la mayor parte de las obras están escritas en castellano (aproximadamente un 55 % del total), seguidas por el francés (32,7 % aprox.), el italiano (6,7 % aprox.) y el inglés (3,2 % aprox.), aunque se encuentran en menor proporción obras escritas en catalán, alemán, portugués y latín. Haciendo un seguimiento de las fechas de edición de los libros, podríamos organizarlas en tres grandes grupos, de lo cual se desprende que los intereses literarios/científicos de Francesc Martorell fueron cambiando a lo largo de su vida, presentándose inicialmente un interés notable por las obras de historia, arqueología, geología y geografía, donde casi la totalidad de las obras está editada cerca de la década de 1840, posteriormente un interés por la arquitectura, numismática y medicina con las obras editadas alrededor de 1850 y un marcado interés por la historia natural, la zoología y en particular la malacología con obras editadas alrededor de la década de 1860.

El final del siglo XIX se revela como la época de mayor cambio dentro de las disciplinas científicas, dado que éstas empezaron a desmarcarse de la actividad meramente descriptiva de las antiguas colecciones buscando una aproximación analítica y pragmática (Pickstone, 2000). A partir del estudio del origen de la Biblioteca del Museo Martorell y de su paralelismo con la colección bibliográfica del Museo del Seminario Conciliar de Barcelona, nos hacemos una idea global de la literatura científica disponible en ambas instituciones, y de cómo dedicaron sus recursos y esfuerzos al estudio y la divulgación de la historia natural en el sentido amplio de la palabra. Los principales intereses científicos del momento fueron la geología, dada su utilidad en las diferentes ramas de la ingeniería; la paleontología, que trataba de aportar respuestas acerca de la evolución de la fauna y al mismo tiempo de los ecosistemas, y la zoología con gran interés puesto sobre la malacología.

El objetivo es continuar con el análisis histórico de la colección de libros de la llamada “biblioteca auxiliar” del Museo Martorell, principalmente durante el período en el que la dirección del mismo estuvo a cargo de Artur Bofill i Poch [1844-1929]. Se usarán datos como fechas de ingreso de los ejemplares, origen o procedencia de las obras, los principales distribuidores de libros de la época y los precios del material adquirido, los editores locales y extranjeros y los idiomas en los que se divulgaba el conocimiento científico. A partir de esta información se podrá establecer el quehacer científico del Museo Martorell en relación a los objetivos de su fase inicial, así como realizar diversas aportaciones útiles para el estudio de la historia de la zoología en Barcelona.


BIBLIOGRAFIA

Aragonès, Enric (2004) La biblioteca del Museu d’Història Natural del Seminari de Barcelona. En: Noticies de Natura, 7.

Bennett, Jim (2005) Museums and the History of Science. Practitioner’s Postscript. En: Isis, 96: 602 – 608.

Findlen, Paula (1994). Possessing Nature. Museums, collecting and scientific culture in early modern Italy. University of California Press. p. 398.

Gómez-Alba, Julio. (1990) El Museo de Geología de Barcelona: Desde su Fundación a la Junta de Ciencias Naturales (1872 – 1905). En: Treballs del Museu de Geologia de Barcelona, 1: 7-34. p. 8-10

Masriera, Alícia. (1978) El Museo de Geología (Museo Martorell) Un Siglo de Historia 1878 – 1978. Ayuntamiento de Barcelona, Museo de Geología.

Masriera, Alícia. (2003) El Museu Martorell, 125 Anys d’un Museu Històric i la Seva Aportació a la Geologia Catalana. En: Actes de la VII Trobada d’Història de la Ciència i de la Tècnica. pp. 569 – 577.

Pickstone, John V. (2000) Chapter 3. Natural History. en: Ways of Knowing. Manchester University Press. pp. 60-82.

Sala-Català, José. (1988) Ciencia Biológica y polémica en la España de la Restauración. En: Ciencia y Sociedad en España: De la Ilustración a la Guerra civil. Jose Manuel Sanchez-Ron (Ed.). Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Sheets-Pyenson, Susan. (1987) Cathedrals of Science: The Development of Colonial Natural History Museums During the Late Nineteenth Century. En: History of Science, 25: 279-300. p. 282.

Trías Vejarano, Juan J. (1975) Almirall y los orígenes del catalanismo. Siglo XXI Editores. p. 5.


NOTAS

[1] Sistemas como el de Tournefort, que clasificaba las plantas según sus corolas o la nomenclatura binominal de Linneo. También aparecen ideas como las de Buffon y el transformismo de las especies por degeneración de sus caracteres.
[2] La renaixença fue un movimiento cultural catalán surgido para hacer renacer -como su nombre lo indica- el catalán como lengua literaria y cultural luego de un período de decadencia respecto al castellano.
[3] Expediente Académico de Jaume Almera - Archivo Histórico Universitat de Barcelona
[4] El archivo del Museo de Ciencias de Barcelona guarda copia del testamento de Francesc Martorell y Peña ante Jaume Burguerol, Notario de Barcelona el 20 de Noviembre de 1883.
[5] Archivo Histórico de Urbanismo, Arquitectura y Diseño del Col·legi Oficial d’Arquitectes de Cataluña.
[6] La escuela de Chicago reúne a los arquitectos encargados de reconstruir la ciudad norteamericana tras el incendio de 1871, y representa el paso de las estructuras de madera a las de hierro y concreto; del estilo decimonónico a los grandes rascacielos.
[7] El término propuesto por Sheets-Pyenson hace referencia a las connotaciones ideológicas y estéticas de los grandes edificios destinados a divulgar y popularizar la ciencia en ubicaciones coloniales y periféricas.
[8] Se entiende por catalanismo “el movimiento doctrinal y político del despertar de la nacionalidad catalana, que se traduce en la demanda del reconocimiento de los derechos de la personalidad nacional, tras un período de desnacionalización, de pérdida de la conciencia nacional, por parte del pueblo catalán” (Trías Vejarano, 1975)
[9] Copia de acta en el Archivo histórico del Museo de Ciencias de Barcelona.
[10] EL término neo-Lamarckismo fue empleado por primera vez por el norteamericano Alpheus Packard en 1885 y explica la evolución mediante la herencia de los caracteres adquiridos durante la vida de los organismos.

martes, 12 de junio de 2007

INICIA EL BLOG DE PATROL


Por ahora sin contenido, pero josejoaquin los invita a venir y jugar Pacman o Space Invaders.